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Lunes 21 de mayo de 2012

Nintendinitis

Deje su comentario  Ver comentarios 23-08-2009 21:49:51
Javier Dale

Recientemente, el Colegio de Fisioterapeutas de Badajoz ha alertado del riesgo que supone el exceso de horas de consumo de videojuegos en jóvenes y adolescentes, ya que puede provocar una tensión excesiva sobre músculos, tendones o ligamentos generando dolores en dedos, muñecas, codos y espalda. Deberían añadir, sugiero, el riesgo que supone la lectura de ciertos ‘best-sellers’: durante diez días padecí agujetas en el brazo izquierdo causadas por la lectura de ‘La reina en el palacio de las corrientes de aire’, el tercer volumen de la saga ‘Millenium’ de Stieg Larsson, cuyo peso –lo comprobé en la báscula– es 1,7 kg. Pero a lo que vamos: la advertencia de los fisioterapeutas pacenses me ha recordado el caso de aquel jugador que perdió el camino al estrellato a causa de su afición a la Game Boy, aquella mini consola que hizo furor en los primeros 90: Lionel Simmons.

Simmons, un alero de 202 centímetros y algo menos de 100 kilos de peso, arrasó la NCAA durante su estadía en La Salle. Ganó todos los premios posibles –el John Wooden, el Oscar Robertson, el James Naismith para acabar su periplo en la NCAA con unos promedios de 24,6 puntos y 10,9 rebotes por partido. Como jugador, fue un anticipo híbrido entre Grant Hill y Kevin Durant, y sólo Derrick Coleman le privó de ser el novato del año en el curso 90-91, que concluyó con unos prometedores números en los entonces –y ahora– depauperados Sacramento Kings. Sus 18,0 puntos, 8,8 rebotes, 4,0 asistencias, 1,4 robos y 1,1 tapones por noche anunciaban la llegada de una nueva estrella al firmamento de la Gran Liga; tal vez el sucesor de James Worthy, o incluso de Larry Bird.

Sin embargo, Simmons nunca dio un paso al frente. En su segundo año, sus números se redujeron, como en el tercero, donde además se perdió 13 partidos de la liga regular. Para entonces ya eran conocidos sus problemas crónicos en los tendones de las manos que, al parecer, se derivaban de su constante uso de las consolas. Su muñeca derecha, castigada por el constante pulsar de teclas y botones, se convirtió en la parte más frágil de su anatomía. Un lujo excesivo para un jugador de baloncesto. Con sus limitaciones crónicas, Simmons se convirtió en un jugador errático.

Lionel inició su quinto curso en la NBA en la lista de lesionados. Para entonces, había perdido la plaza de titular a favor de Walt Williams, y en los 58 partidos que disputó en la campaña 94-95 no pudo recuperarla. Aún tuvo momentos de brillo  –18 puntos, 10 rebotes y 6 asistencias ante Portland –, pero poco a poco fue convirtiéndose en un jugador residual en la rotación de los Kings: sus limitaciones eran tan evidentes que en los últimos cuatro partidos de la temporada sólo pudo permanecer un total de 24 minutos en cancha. Un año más tarde, Simmons era una rémora: en 54 partidos en los que pudo jugar apenas pudo permanecer 15 minutos por noche sobre el parqué, acreditó un lamentable 39,6% en tiros de campo y apenas alcanzó los 4,6 tantos por choque. Su mejor encuentro fue el último de la campaña, el que certificaba la eliminación de los Kings a manos de los Sonics en el ‘play-off’ de la NBA. Sus 24 puntos y 6 rebotes no evitaron la derrota por 87-101.

La temporada 96-97 fue la de su adiós. Limitado a 41 partidos por sus problemas físicos, Simmons bajó a 12 minutos de media por encuentro, para poco más de tres puntos y un 33% de acierto en tiros de campo. Ni siquiera tuvo el consuelo de un último gran partido de despedida: su máxima anotación ese curso fue de 13 puntos ante los Raptors. En su campaña de debut, su mejor estadística fue de 33 puntos, 14 rebotes, 7 asistencias 2 robos y otros tantos tapones –y más de un 60% de acierto en el tiro – ante los Clippers.

En esa misma temporada inaugural, Simmons ya se perdió un par de partidos por problemas en los tendones de las manos. Los médicos de Sacramento, con cierta sorna, calificaron la lesión de “Nintendinitis”, toda vez que la causa era el constante uso por parte del jugador de las consolas de videojuegos de la marca Nintendo. Años después, aquella lesión leve convertida en una risible rareza acabó con la carrera del que debería haber sido uno de los grandes de la década de los noventa.

Simmons aún permaneció en el 'roster' de los Kings en las temporadas 97-98 y 98-99. Trató de recuperar su juego, pero nunca pudo salir de la lista de lesionados.

Y ya nunca volvió a jugar a baloncesto.

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