Orgullo, calidad, estrategia y quinto partido
Paco Rengel
El moribundo Barça del lunes apareció meditabundo a los dos días. Tenía bien aprendida la lección y la aplicó a las mil maravillas. Defensa zonal, ataques controlados -ya es difícil convencer de eso a Marcelinho- y porcentaje de aciertos en triples espectacular (50 por ciento). Más orgullo y calidad. Resultado: quinto partido. El Real Madrid no pudo con el equilibrio cerebral de su adversario (75-81).
El Madrid, ante la reducción de marcha que le proponía el rival, parecía sufrir, y se empecinaba en perder la coherencia de sus mejores momentos de la final, que han sido muchos. Ir por detrás y comprobar que el tiempo se le agotaba precipitaba aún más las acciones, con lanzamientos forzados y escaso acierto en el triple (6 de 20), justo desde la distancia que el cuadro azulgrana utilizaba para lanzar el mensaje: ¡Abran las puertas del Palau!
Dos triples de Mirotic en los minutos finales hicieron concebir esperanzas a las huestes blancas, pero allí estaba el esloveno con técnica de bailarín para certificar la superioridad de su equipo, demostrada con las virtudes señaladas y con el indeleble sello de entereza que tiene cualquier escuadra campeona.





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