Para Conde
Carlos Jiménez
Justo siempre fue prolífico en la escritura (si puede decirlo en mil palabras ¿por qué utilizar sólo cien?) e incansable a la hora del laburo (que dicen los argentinos). Le guardo perenne fidelidad amistosa y mucho cariño. Cierto: él ya escribía cuando yo empezaba (al fin y al cabo me saca casi trece años de edad), pero si me arrogué el decanato de los "periodistas que vivieron a base de escribir del baloncesto" no lo hice por error. Creí dejar bien claro que era el decano de los que seguían en activo. Desde hace unos meses ya no trabajo en un periódico, así que el escalafón ha corrido y quizá esté sobre las espaldas de Martín Tello.
Siempre he citado como el hombre de quien más aprendí en baloncesto a César de Navascués (o González-Ruano, como prefieran) por encima de Carlos Piernavieja y Pedro Escamilla, inolvidables compañeros míos en 'Marca'. Y sigue en activo, pero lo suyo es la crónica local, al menos para la pitanza, porque sigue el baloncesto muy de cerca. Y un detalle más para Justo, ('El Olfatos', le llamaban los jugadores de los años 70, porque en sus artículos era muy fácil encontrar una frase que repetía sin mesura: "ya nos lo olíamos nosotros"... porque Justo siempre fue partidario del plural mayestático): según las premisas que él coloca para atribuirse un decanato que ya no puede pertenecernos a él o a mí, por jubilados, está Pepe (José en los papeles) Barbero, hijo de don Marciano, el fundador del Colegio Ateneo, jugador en los años 40 (como Elena, su esposa) y cuyas crónicas pueden leerse en ejemplares de diarios tan olvidados como el 'Dicen', 'Informaciones', 'Pueblo' o 'Madrid'. Pepe va hacia los 90 y el baloncesto siempre ha sido parte fundamental en su vida.
En fin, Justo: "ladran, luego cabalgamos". Y si te unes a una buena comida, estaría encantado de tenerte entre nosotros.





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