Phoenix Suns: una nueva esperanza
Rafael Ramos
“Una nueva esperanza” era el título del Episodio IV (o primero, según se produjeron) de la mítica saga de "Star Wars" ("La Guerra de las Galaxias"), que dentro de poco estrenará su último título.
Tatooine era aquel planeta lleno de áridas tierras desérticas, tórridas zonas donde no nacía la más mínima vegetación, muy parecido a algunos lugares de Arizona. Allí, en Anchorhead, un muchacho llamado Luke Skywalker era la única esperanza para el incierto futuro del universo. En la NBA, en la ciudad más parecida a la pequeña población de Tatooine, Phoenix, otro joven muchacho llamado Steve Nash ha cambiado el curso previsto de los acontecimientos.
Nash ha sido elegido como el jugador más valioso de la temporada, por delante del gran coloso Shaquille O’Neal, algo impensable en cualquier comento anterior a la actual campaña. La proeza de Nash es tremenda:
-Primer jugador blanco en ganar el premio desde 1986.
-Primer base blanco en obtener el galardón desde 1957.
-Primer extranjero, no nacionalizado, que se lleva el trofeo.
-Segundo jugador más bajo en recibir tal distinción, tras Bob Cousy.
-Segundo “base puro” de todos los tiempos que gana el premio.
Alguien podría pensar que Earvin “Magic” Johnson, Allen Iverson u Oscar Robertson también eran bases, pero realmente no desde un punto de vista ortodoxo. Magic fue un base en contra de la naturaleza (él era superior a ella); Iverson dejó de ejercer de base antes de recibir el trofeo, y Robertson era un escolta-alero que podía jugar en muchas posiciones debido a su superioridad física y atlética, desde base a ala-pívot.
Con 191 centímetros escasos, fue capaz de hacerse un hueco en la liga, después de haber sido casi defenestrado por Danny Ainge, en su temporada de novato en Phoenix, equipo que le eligió en el draft’96 tras su sobresaliente paso por la universidad de Santa Clara. Ainge comenzó a confiar en Nash a la temporada siguiente, pero no le convenció y decidió pedir que le traspasaran. Dallas fue su destino y allí evolucionó y desarrolló su juego de la mano de un maestro de los banquillos, Don Nelson. Los sistemas utilizados por Nelson, como si fuera Obi-Wan Kenobi, abrieron el futuro de Steve en la liga.
Obtener la confianza de Nelson fue una misión mucho más sencilla que obtener la de Ainge. En Dallas no tenía que luchar por los minutos contra gente como Kevin Johnson, Sam Cassell o Jason Kidd.
Dallas le dio a Nash el reconocimiento de la competición: dos veces All-Star y otro par de nombramientos como integrante del tercer mejor quinteto. Pero también fue palpable su elevado caché en el resto de las esferas baloncestísticas, merced a sus descollantes actuaciones con la selección canadiense en múltiples torneos internacionales, algunos de infausto recuerdo para los españoles.
El 14 de julio pasado, Nash volvía como agente libre a Phoenix. Nash regresaba a sus orígenes (¿Como Luke para liberar a las Galaxias?), ahora para estar a las órdenes de otro gran maestro como es Mike D’Antoni (¿Yoda?), que ya había entrenado, además admirablemente, muy lejos de Phoenix: en la galaxia FIBA, sistema LEGA.
Nash ha asombrado a todo el globo baloncestístico por el juego que ha hecho desplegar a sus compañeros, quizá el más vistoso en muchísimos años, y uno de los más eficaces. Los Suns han enamorado por sus capacidades ofensivas, lástima de haber predicado en el desierto (nunca mejor dicho) y no en una jungla de neón como Los Ángeles o Nueva York. Aun así, Steve ha sido reconocido como el jugador más valioso.
Phoenix ha de ratificar su forma de jugar en las semifinales de conferencia, y llegar lo más lejos posible sin traicionar a su idiosincrasia. Ganar el anillo sería una gran noticia para los aficionados. Vencer en la final de conferencia y en la gran final sería comparable a vencer a Darth Vader y al emperador Palpatine, todo ello sin caer en el Lado Oscuro de la Fuerza: sin cambiar su forma de entender el basket.
Phoenix debe de acabar con el falso maniqueísmo de la defensa y el ataque como dos realidades separadas y contrapuestas de una misma escuadra y un mismo juego: defensa y ataque, malos y buenos, tacañones y jugones... Los Suns saben atacar y defender, pero sin anteponer el segundo sobre el primer término, principio muy propagado y extendido sobre el firmamento USA y del resto del mundo.
Nash, tu misión es complicada, pero no estarás solo.
¡Que la Fuerza te acompañe!



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