Proyecto Maljkovic
Agustín Hernández
Aunque parece que fue ayer, llegó hace cuatro temporadas. Durante todo este tiempo hemos vivido junto a él grandes alegrías: nos dio nuestra primera victoria en un torneo internacional, nos llevó a nuestra segunda final de la Liga ACB y, lo más importante, nos ha consolidado como uno de los equipos punteros de España e incluso de Europa.
Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. Por el camino se ha quedado una Copa Korac, una Liga ACB, y la posibilidad de llegar a una final de Copa del Rey. Cierto es que cuando miro donde estábamos a su llegada y dónde estamos ahora veo con buenos ojos todo lo que ha hecho madurar a este equipo. Sólo me pregunto una cosa: ¿a qué precio lo ha conseguido?
Hoy por hoy, el Club Baloncesto Málaga es uno de los equipos españoles con mejor balance durante los últimos cuatro años. Sin embargo, los títulos aún brillan por su ausencia. Bien es cierto que hemos ganado una Copa Korac, algo que nunca habíamos conseguido, pero si miramos el presupuesto con el que cuenta este equipo no es una osadía pensar que deberíamos haber conseguido mucho más.
A todos aquellos que consideran que el equipo está donde está gracias a Maljkovic les diría que se equivocan. Si bien en cierto que Bozidar es uno de los entrenadores más laureados de Europa, aquí hasta la fecha no ha hecho gran cosa, o al menos nada que rentabilice los casi dos mil millones de presupuesto. Tal vez hayamos ganado algunos partidos importantes gracias a su estrategia y sabiduría, pero si nos ponemos a pensar, me parece que se nos vienen a la mente muchos más partidos perdidos que ganados por la cabezonería de Maljkovic.
Este año ya las cosas me parecen que están yendo demasiado lejos. Cuando empezamos la Liga estábamos llenos de ilusión por culminar las hazañas que la temporada anterior no logramos. Para ello contábamos con un equipo de lujo; un equipo con el que cualquier entrenador soñaría… Pero no, el señor Maljkovic lloraba la ausencia de Arvidas Sabonis y con este argumento justificaba de por sí un posible fracaso en la temporada. Bueno, pues con esta tirante situación entre entrenador y directiva, comenzó la campaña más ambiciosa, económicamente hablando, de nuestro querido equipo. Pero pronto la afición comenzó a sentirse molesta por el mal juego del equipo, que si bien ganaba, no lo hacía con la superioridad con la que en teoría debería. Se veía por aquel entonces, lo mismo que vemos por estas fechas, un equipo que juega a rachas, casi sin sistema; cuya defensa no era la del año anterior, y que tenía una clara dependencia de las acciones individuales de sus estrellas. Sin embargo, había algo diferente entre aquella situación y la que vivimos ahora: la ilusión porque aquello mejorara.
Nada más lejos de la realidad. Las decepciones se han sucedido una tras otra y en ninguna de ellas el entrenador ha asumido culpa alguna. En la eliminación en semifinales de la Copa, cuando el equipo ganaba por 14 puntos a falta de cinco minutos, se culpó a los árbitros, pero no se hizo mención alguna a los cambios en el quinteto llevados a cabo por el entrenador. Tras una “brillante” clasificación para el "Top 16" de la Euroliga -de la que sólo se quedaron 6 equipos fuera-, llegó el ridículo más inmenso y, cómo no, más excusas para tratar de justificar que sólo se obtuviera una sola victoria en toda la segunda fase.
A día de hoy, las escasas esperanzas del Unicaja se centran en un nuevo fichaje, Reginald Slater, del que se espera que sea capaz de aliviar la terrible situación del juego interior que sufre el equipo desde que Maljkovic se hizo cargo del mismo, ¡hace ya cuatro años! Tal vez si hubiera venido Sabonis... Pero, en fin, por lo que se ve, en este equipo todo son excusas: cuando no son los árbitros, es la directiva; cuando no, un jugador polaco recomendado por el propio Maljkovic. Eso sí, el entrenador no tiene culpa de que sus “innovaciones tácticas” como jugar sin pívots, o jugar con dos “cincos”, o sin bases (y todo ello en el mismo partido) no den el resultado que él espera.
Por lo que se ve, en este club nadie es capaz de plantar cara a “Boza” para, al menos, insinuarle que no queremos más innovaciones, ni más quejas, ni más lamentos; sino que lo que queremos es que de una vez demuestre que el dinero que se le paga al “entrenador con más títulos de Europa” no está siendo tirado a la basura. Y que si no se ve capaz de llevar este barco a buen puerto, que lo diga ahora o se calle de una vez para siempre.






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