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Lunes 21 de mayo de 2012

Reflexiones del verano

Deje su comentario  Ver comentarios 13-09-2005 02:22:37
Enrique Gómez González

Debido a que a inicios de agosto nació Guillermo, mi segundo hijo, Alicia y yo decidimos no salir durante estas vacaciones a ningún lugar y quedarnos en casa. No es poca cosa no pisar en todo el mes por la caótica Madrid, repleta de obras faraónicas y cada vez más inhóspita, invivible e intransitable. Desde luego, esta ciudad es cada vez más antipática. ¿Hay alguien que me pueda ofrecer trabajo en Segovia?

Debido al mucho tiempo que me he quedado en casa, he pasado más tiempo del normal –en periodo de vacaciones– con el gilipollas de mi ordenador y, por supuesto, lo primero que hago cada vez que nos vemos es entrar en basketconfidencial y, después, en El Adelantado. Bastantes artículos –de basketconfidencial, claro–, me han hecho reflexionar y pensar un poquito no sólo sobre baloncesto, sino, principalmente, sobre la vida y el mundo en que vivimos.

Comenzando por lo primero, por lo más trivial, Paco habló de Moka Slavnic (yo prefería ver jugar a Kikanovic) en un par de artículos y aquello me llevó a otros tiempos en los que el talento primaba sobre el músculo, tal como menciona también Mikel Cuadra en el portal de Paco. Además, algunos jueves por la noche de este verano, Teledeporte ha retransmitido partidos legendarios, tales como el que dio el primer campeonato de la NBA a Michael Jordan frente a los Lakers; la Final de Los Ángeles 84, en la que Héctor Quiroga confundió a Spencer Haywood con Magic Jonson (¡oh, sacrilegio!) y, principalmente, la final de la Copa del Rey de la temporada 81-82: Barcelona, 110; Real Madrid, 108. Aquel partido lo jugaron tipos como Mirza Delibasic, Corbalán, Epi, Solozábal, Fernando Martín, Juan de la Cruz, Perico Ansa, Llorente…, todos ellos responsables directos de mi pasión por este bendito deporte. Pero el que más me atrajo de todos los que jugaron aquel partido fue Wayne Brabender. Tal vez, el jugador más importante –incluyendo martines, gasoles, petrovics y sabonis– que haya competido jamás con un equipo español. Desde luego, se echa de menos aquel baloncesto.

Por supuesto, leí con mucha atención el artículo de Paco sobre los piratas futboleros y sus reacciones posteriores. A mi juicio, lo que sucede en el fútbol ocurre con demasiada frecuencia en cualquier ámbito de las actividades humanas, y en cada una a su nivel. De hecho, cualquiera vende su casa a un precio superior al que se escritura, para pagar menos dinero en impuestos. En la industria para la que trabajo –la consultoría de marketing e investigación social y de mercados– suceden cosas inaceptables… que se aceptan. Algún respondiente al artículo deja caer los `problemillas´ en la Sanidad y otro habla del desigual reparto de la riqueza entre pobres y ricos. Por un lado, mi trabajo me ofreció la oportunidad, en cierta ocasión, de comprobar la desesperación de padres de niños de hasta 6 años con enfermedades atípicas o algún tipo de discapacidad; denunciaban algunos de aquellos padres que los laboratorios farmacéuticos no invierten un duro en la investigación de medicamentos que ayuden a superar las llamadas `enfermedades raras´ porque estas afectan a tan reducido número de personas que su comercialización no resultaría rentable. Y estamos hablando no ya de dinero negro, sino de vidas humanas, que parece un poquito más serio.

Más sobre la injusticia humana, la desigual distribución de la riqueza y las diferencias en la igualdad de oportunidades lo hemos podido comprobar en los estremecedores artículos escritos sobre Mozambique. También tengo alguna experiencia profesional similar gracias a mi trabajo. En 2003 anduve por Nicaragua durante 45 días y pude comprobar la injusticia del país más pobre del hemisferio norte, por detrás de Haití: el 50% de la riqueza de aquel país estaba en manos del 1% de la población. Supongo que hoy, dos años después, ese 1% habrá conseguido incrementar esta ratio. Adjunto alguna foto de una escuela al uso de Nicaragua, para que el lector se haga una idea de las condiciones en que pueden formarse los afortunados niños nicaragüenses que tienen la oportunidad de ir al `cole´.

Y aunque no haya aparecido en basketconfidencial, algo que me está haciendo pensar mucho al final del verano ha sido el paso del Katrina por Nueva Orleans. Los afectados, los más pobres; los que no tienen a dónde ir, ni con qué ir. Resulta que el país más avanzado del mundo, ni siquiera sabe ayudar. Claro, en una sociedad en la que prima la competitividad –"Aquí cada uno se las apaña como puede", decía un policía–, al prójimo se le ve como un enemigo, más que como un amigo. Me pregunto cuántas ONGs de carácter humanitario son de origen estadounidense y dónde está el sentido de la solidaridad en la sociedad americana. Se creen los salvadores del mundo y ni siquiera son capaces de ayudar a su población más vulnerable y en desventaja.

¿Es este el modelo de sociedad al que aspiramos? Parece que en Nueva Orleans, el protagonista de la casa del sol naciente –la famosa canción de los Animals–, muchos años después, sigue teniendo demasiados paisanos viviendo en su misma situación. Y superar la miseria debería ser prioridad de prioridades para cualquier sociedad, y más para la considerada como la más avanzada del mundo.

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