Renacimiento o siglo de oro
Paco Rengel
Muchas veces cuarenta minutos de juego pueden suponer algo más que una victoria o una derrota. Según el escenario, dependiendo de la competición, evaluando la trascendencia del choque... en ocasiones puede tratarse de la ruptura de una época y la apertura de una nueva. Es lo que se prevé del duelo que este miércoles (17.00 horas, televisado por La sexta) medirá a Serbia con España, en los cuartos de final del Mundial de baloncesto.
Debemos estar de acuerdo en que la éra más gloriosa del baloncesto español ha venido a coincidir con la presencia en sus filas del mejor jugador nacido en nuestro país a lo largo de todos los tiempos, Pau Gasol. Su ausencia -voluntaria, merecida e indiscutible- es evidente que ya ha marcado notablemente al equipo, lo que aún no significa un final de ciclo, puesto que el de Sant Boi posiblemente acuda a alguna competición más.
Pero la selección española -con una media de edad de 27,4 años- no sólo se juega las seminifinales de un Mundial -que ya es mucho-, sino también la comprobación de que que la 'edad/siglo de oro' puede prolongarse algún año más o, inevitablemente, tendrán que centrarse en el 'renacimiento' después de Turquía. Hay mucho en juego en 40 minutos.
Serbia, otrora ogro con nombre Yugoslavia, se sacude poco a poco de su tragedia contemporánea más dolorosa. Quienes eran niños en la guerra de los Balcanes, algunos ni siquiera de colegio, procuran ahora que resurja la vieja leyenda del continente europeo. Con sus estrellas del siglo pasado ya sesentonas, es la actual generación la que busca con el espíritu combativo de siempre, ese estilo descarado y esa riqueza de fundamentos recolocar en el mapa del podio al equipo que dirige Dusan Ivkovic, con edad para ser abuelo de alguno de sus seleccionados. A España, con respecto a su rival, le sobran 47 años. O sea, la media de edad de los serbios es de 23,5. Óptima para un renacer baloncestístico.
'Niño' Navarro
Lejos de pretender anunciar un revés, aportamos estos apuntes simplemente para que se entienda la trascendencia del partido. Pero está claro que, a veces, la edad también tiene sus ventajas. Y es que si el treintañero -como todos los juniors de oro, salvo Cabezas- Navarro jamás desvela sus datos del carné de identidad en la cancha, con ese juego de cadete en campo descubierto de una pista de Barcelona, qué se puede decir del desparpajo continuo -a veces temerario- del niño de verdad, Ricky, único jugador capacitado para emular al gran Gasol.
El despertar del equipo nacional en la fase clave permite concebir esperanzas de triunfo, si bien habrá que tener en cuenta el ansia serbia por recuperar los galones perdidos.
Quizás, probablemente... un partido para la historia. ¡O no!





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