Ricky es el 'tapado'
Paco Rengel
La verdad es que son ya cinco años viéndole habitualmente. Nos hemos acostumbrado y, quizás por eso, apenas valoramos lo que hace. A Ricky Rubio se le trata con la frialdad del veterano que está próximo a su retirada de la selección y, posiblemente, le quedan más de dos lustros defendiendo los colores del equipo. A veces sufrimos despistes realmente imperdonables.
Ya nos parece de lo más habitual que un niño de 19 años lleve el timón que en su día manejó Corbalán y que tanto tiempo estuvo sin sucesor.
Los partidos como el de Nueva Zelanda tienen dos peligros: que se produzca alguna lesión o que el favorito haga el tonto. Nada más empezar, me ratifiqué: "¡Adiós, partido de preparación!". Eran pocos y bajos. Y la selección se percató en unos minutos, cuando su ritmo defensivo impedía descubrir los tesoros ocultos rivales y su ataque funcionaba con fluidez. Lo suficiente para cobrar una renta que los atontara. Y, entonces, a rachas. Sin sensación alguna de apisonadora, como un simple aspirante de otras épocas que, al final, quedaba quinto, siempre quinto. No, no. La selección no ha jugado hasta ahora como favorito. Ojalá sea sólo una treta... o la adaptación. Pero el caso es que los rivales están viendo que la campeona puede perder. Y si no, le preguntan a los franceses. O, ¿a ver qué pasa el martes con Lituania?
El resto del encuentro fue un intento del olvidado Rubio por encontrar algún socio. Entiendo que los precisos pases del catalán a una mano, de un lado a otro del campo, se consideren ya producto nacional; que colocar la pelota para que se luzcan Rudy o Fran se vea también como algo fácil, pero creo que hay virtudes inadvertidas en este jugador.
Su capacidad para sumar intangibles es impresionante: siempre defiende en la línea de pase, continuamente ayuda en el momento preciso, jamás deja de ir al rebote defensivo, de meter las manos por donde sea, de robar la pelota... Es el cúmulo de acciones que hoy día hacen ganar a un equipo. Cualquiera encesta triples, quien sea corre, casi todos tienen fuerza. La diferencia está en lo que hace Ricky, de ahí que la selección no se enderezara hasta que Rudy decidió aliarse con él. Y acabó Nueva Zelanda; eso sí, en el tercer cuarto.
Ahora bien, el equipo oceánico dejó una carta de presentación personal muy peculiar: un chico de 23 años, con nombre de avenida de novela policíaca inglesa -Abercrombie... ¿'avenue'?- que o hizo el partido de su vida o realmente es un portento. Con unas piernas poderosas, se coló una y otra vez por la espalda de la zona española para machacar con especial sobriedad. Eso y la perfecta mecánica de tiro de Penney.
O sea, que si lo desean puden titular este comentario tonto de un partido ídem 'El niño y el canguro'.
• Estadística del partido




Ricky es un jugador que no sabe dirigir, que no se la juega en los momentos calientes. No tiene tiro. Muy previsible. Penetrar o pasarla. Y esos pases imposibles y malas decisiones precipitadas... No está para dirigir la selección este chico. Está para ser suplente. Pero Scariolo ha llamado a Raúl que tiene las piernas para jugar 5 minutos. Pues eso es lo que hay.
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