Sacrificados
Juan-Pablo G. de Quijano
La Penya no dudó en dar el finiquito a Sito Alonso en una actitud de club cortoplacista, alejada de la filosofía de un equipo de cantera que, también es verdad, necesita resultados, pero sin embargo no ha aplicado la misma medicina con jugadores que no han ayudado precisamente a que el nivel del equipo fuera el deseado, como Hernández-Sonseca, Bueno, Eyenga o Norel. Para salvar la temporada, da por finalizada su apuesta de identidad por una más resultadista, si termina por proporcionar el objetivo deseado.
No se conocen muchos casos de entrenadores que no hagan bien su trabajo o que no cumplan con su responsabilidad. Más allá de los resultados, coyunturales, sujetos a diversas variantes, y a la dirección que tome la suerte, dependen en gran medida del rendimiento y de la involucración de los jugadores.
Y son estos los que no siempre dan todo lo que pueden o los que o no se cuidan lo que exige su condición. Hay muchos casos para ilustrarlo, bastantes de ellos, por no decir la mayoría, de jugadores americanos, cuya condición de temporales, su desafecto o falta de arraigo les lleva a una falta de compromiso. Y, aunque cada vez menos, siguen siendo claves en la estructura de los equipos. Quizás por eso, salvo excepciones, se comportan con esa indiferencia que a veces lleva al absentismo y a asumir que su trabajo es itinerante y que por tanto no implica un vínculo demasiado fuerte.
No siempre la cuerda, sin embargo, se rompe por el mismo sitio. Al Cáceres 2016, por ejemplo, no le tembló la mano el mes pasado cuando despidió a Diego Guaita, un notable interior que había firmado buenas campañas en LEB, por bajo rendimiento. Queda por ver también cómo terminará el nuevo episodio en Ourense, donde jugadores como Koffi o Howell han ofrecido muestras tangibles de pasotismo. De momento, la directiva ha decidido multar a toda la plantilla.



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