Salamanca, 'where amazing happens'
Jordi Domínguez Fernández
El quinto partido de la serie entre el Regal Barça y el Tau Vitoria fue el gran acontecimiento deportivo de la última semana. A día de hoy, todo el mundo sabe que el equipo de Xavi Pascual disputará la ‘Final Four’ de la Euroliga el próximo mes de mayo. Sin embargo, y aunque es triste decirlo, seguramente haya muchos, algunos incluso amantes del baloncesto, que todavía no sepan que la 'Final Four' de la Euroliga femenina se disputó hace unos días en Salamanca y que un equipo español fue subcampeón de Europa. De hecho, La2 de Televisión Española, que tenía los derechos, no ofreció ni la semifinal del viernes ni, lo que es más grave, la final del domingo, que se disputó al mediodía para favorecer su retransmisión en directo. Sí lo hizo Teledeporte, pero no hace falta ser un lince para saber que, pese a que la TDT está cada vez más extendida, La2 llega a muchos más hogares que el canal deportivo (y más si en todas las parrillas se asegura, como se aseguraba, que el partido lo iba a dar La2). Desconozco quién y por qué razón cambió la programación a última hora pero, si me permiten un poco de demagogia, resulta paradójico que este feo al baloncesto femenino ocurra en un ente público financiado en gran parte por un gobierno que dispone de un Ministerio de Igualdad. Manda ovarios. Afortunadamente, la prensa sí se hizo eco, en mayor o menor medida, de la gesta de las chicas de José Ignacio Hernández, que se colaron en la lucha por el título en su tercer año en la Euroliga con un presupuesto muy inferior al de muchos equipos que se quedaron en el camino.
Las autoridades locales y la FEB se movilizaron para conseguir la organización de la 'Final Four'. Un acierto total, ya que sin duda, en pocos lugares, ya no de España sino de Europa, se vive el baloncesto femenino con la intensidad y la pasión con la que lo hace Salamanca. Más de 5.000 personas llenaron las gradas del Multiúsos Sánchez Paraíso y llevaron en volandas al Avenida hasta la final. Sus cánticos insaciables, su marea de bufandas azules al viento y su presión volvieron a ser el catalizador de un equipo que llamaba a las puertas de la historia. Y éstas, tras la victoria contra el MKB Euroleasing, se abrieron de par en par. El Halcón Avenida iba a pelear por el título en una ciudad volcada con el equipo, algo que tuve la oportunidad de vivir en primera persona ya que mi hermana, Silvia Domínguez, es la capitana charra. Era espectacular pasear con ella por la calle y ver cómo la gente la paraba para felicitarla por el triunfo en ‘semis’ y darle ánimos cara a la final. En cualquier otra ciudad hubiera pasado inadvertida, pero no en Salamanca, donde jugar en el Avenida te convierte en alguien a quien casi se idolatra. Les sonará exagerado, pero les aseguro que es verdad. Allí una jugadora puede pasarse más de media hora firmando autógrafos y haciéndose fotos con los aficionados después de cada partido. La pasión por el equipo, ejemplificada en casos como éste, llega a límites insospechados en el deporte femenino en España. Y en medio de una 'Final Four', por supuesto, se multiplica.
Disputar la final de la Euroliga, cuando el tope en los dos años anteriores había sido la ronda de octavos, ya era todo un éxito. Y llevarse el título casi una utopía. En la final esperaba un auténtico Dream Team, el Spartak de Moscú. Con entre 6 y 7 millones de euros de presupuesto (Halcón Avenida no llega al millón y medio), el multimillonario de origen lituano Shabtai Von Kalmanovic ha logrado reunir en su equipo a las mejores jugadoras del mundo. Tiene a la mejor base, Sue Bird; la mejor escolta, Diana Taurasi (33 puntos en la semifinal y 31 en la final, cobra medio millón de euros por temporada); y las pívots más dominantes del planeta, Lauren Jackson y Sylvia Fowles, que nos deleitó con un par de mates en la rueda de calentamiento. Avenida plantó cara en el primer cuarto, pero sucumbió en el segundo y fue a remolque el resto del partido para acabar cediendo por 15 puntos. Sin embargo, Salamanca y su afición celebraron el subcampeonato como si de un título se tratara. Bufandas al viento y gargantas desgañitadas por un grito atronador: “Vamos Avenida, vamos campeón”. Entre tanto, Silvia Domínguez recogía el trofeo al subcampeón y lo brindaba a una afición que siempre ha estado ahí, que nunca ha fallado y que, probablemente, ahí seguirá por mucho tiempo. Porque así es el baloncesto femenino en Salamanca, where amazing happens.






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