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Lunes 21 de mayo de 2012

Sobre bases anda el juego

Deje su comentario  Ver comentarios 21-01-2011 12:57:38
Pepe Laso

Durante unas semanas se ha debatido mucho sobre el base, su personalidad, la influencia sobre los compañeros, sus dotes de liderazgo, incluso sobre su tamaño. Estoy de acuerdo en casi todo lo que se ha dicho sobre esa posición en el campo. Pero, ¿qué saca de provecho un joven jugador de todas estas reflexiones?, ¿cómo un enseñante aclara el borroso camino que conduce a un jugador a dominar tantas facetas del juego? El camino es sinuoso y requiere señalizaciones concretas y directas; las ambigüedades no valen de nada.

Voy a poner en consideración, tanto de los enseñantes como de algún entrenador, diez mandamientos que permiten a un jugador ser un buen base en el baloncesto actual.

Pensar primero en el equipo

Pablo Prigioni (ACB Photo/David R. Anchuelo)Desde muy pequeños los padres acompañan a sus hijos a los partidos y, además de protestarles a los árbitros, anotan con pasión los puntos que meten sus niños. Posteriormente utilizan este apartado para decir a sus hijos cosas como: “Tienes que tirar más o fulano es un chupón”. El enseñante debe remar contra corriente y hacer comprender a los jóvenes jugadores que un buen pase es tan eficaz como una canasta.

La vieja frase de Kukoc de "una asistencia hace felices a dos y una canasta sólo a uno" refleja el significado de esta premisa.

Mejorar la calidad de sus compañeros

Interiorizado el anterior mandato este es más fácil de cumplir. El enseñante debe explicarle y hacerle asimilar cuáles son las reales posibilidades de sus compañeros. Conocer qué jugador es más eficaz en el contraataque, pasar el balón en el momento oportuno, ayudar defensivamente las debilidades de los compañeros son simples ejemplos. Son muchas las situaciones que definen esta virtud.

Pongamos un ejemplo: cuando un base pasa el balón a un jugador que está solo debajo del aro y el balón se pierde porque el receptor no miraba, nuestro base no está mejorando la calidad de su compañero.

Ser entrenador en el campo y hacer cumplir las jugadas

Queramos o no, los entrenadores (ahora no enseñantes) necesitamos a alguien que interprete la sinfonía e imponga el ‘tempo’ apropiado, que sepa castigar los egoísmos de sus compañeros; aquel pívot que no saca el balón o el palomero que no baja a defender.

En definitiva, conseguir que la idea del entrenador se plasme en el partido, sabiendo mantener un equilibrio entre creatividad y orden.
El dominio de esta faceta hace que jugadores como Prigioni o Marcelinho sean magistrales en los últimos minutos, cuando su equipo domina ligeramente en el marcador. Virtud que todavía no posee Ricky y que le costó la Liga al Barcelona el año pasado.

Buscar el jugador más apropiado en cada momento

Hay momentos del partido en los que el equipo tiene puntuales ventajas: un mal defensor persiguiendo nuestro tirador, un pívot contrario cargado con faltas, un defensor con muestras de cansancio, una ventaja suficiente en el marcador para exponer y romper el partido en los momentos finales, evitar pasar la pelota al mal tirador de tiros libres, saber vigilar al descontrolado, al que pueden castigar con técnica o hacer un mal tiro…

Ardua labor que sólo nuestro base puede ejecutar bien. En todos estos matices es en los que el base puede ayudar más a su equipo.

La relación recuperaciones-asistencias frente a pérdidas debe ser tres a una

El gran secreto de los bases actuales es que a través del conocimiento del juego y basados en los mandamientos anteriores debe producir rendimiento.

Generalmente el base no es un perro de presa defensivo, ni un anotador nato como puede ser un dos tirador, su éxito es la búsqueda del balón y la distribución de este acertadamente, el dilema es el riesgo de las pérdidas.

Si se le constriñe mucho se achicará y perderá creatividad. Dos ejemplos que reflejan el valor de esta estadística:

Ricky la temporada pasada hizo 4.4 asistencias y 2.0 recuperaciones, frente a 1.4 pérdidas, su balance es extraordinario 3.5.

Otro maestro de esta estadística es Prigioni, que suma 3.8 más 2.2. contra 1.4, un balance de 4.

Manos a la obra, busquen otros fenómenos.

Buena selección de tiro y acierto desde la personal

Pocos tiros. Todos de oro. Sólo cuando está atascado el equipo o cuando él ‘listo’ del equipo contrario desprecia la peligrosidad de nuestro jugador. Marcelinho, con Brasil, es un buen ejemplo. Al base tienen que temerle por sus dañinos 10 puntos. Si pierde esta virtud no ayuda el equipo. El porcentaje de tiro libre es fundamental, los últimos minutos de un partido comprometido no pueden estar en manos de un base que falla tiros libres.

Rebote defensivo para mejorar el contraataque

Así de fácil, cada rebote es un contraataque. Cada rebote del equipo contrario es una gran oportunidad de recuperación. Una buena posición en el rebote defensivo facilita el primer pase después de canasta.

Entrené a Creus en una selección joven y de él me viene esta obsesión por el instinto reboteador. Comprueben las estadísticas de éste, que fue un pequeño jugador.

Ser listo y rápido


De la misma forma que un pívot no llega nunca a jugador importante sin un instinto reboteador, ningún base puede ser decisivo sin una agudeza que sorprenda.

Esa listeza que derrocha Ricky con el balón en las manos, o la picardía para las recuperaciones de Prigioni, es lo que yo llamo listeza.
Nada que comentar sobre la imprescindible rapidez que viene del cerebro y que es mucho más importante que la explosividad.

Mantener la concentración todo el partido

El equilibrio emocional es innato en un base de renombre. Saber cuándo hay que hacer una personal para parar el partido no es una orden que pueda llegar del banquillo, sería demasiado tarde.

Conocer el tiempo que queda de posesión, el número de faltas de los contrarios, la actitud de los árbitros, la influencia del público…
Aún siendo mucho, su labor no termina ahí, esa concentración le sirve para conocer cómo son los directivos, los periodistas y el mundillo que le rodea, el calendario, etc...

No permitir penetraciones y recuperar balones

Nadie es perfecto. Suele ser habitual el problema defensivo de estos hombres, no defienden con dureza, temen las faltas, no chocan en las circulaciones, defienden mal en posiciones interiores, no contienen el uno contra uno con solvencia…
Dura realidad, insistir en ellos en que no permitan penetraciones como mínimo les tranquiliza, aún con el riesgo de que les puedan hacer algún tiro de más.
Ya hemos hablado sobre el tema de robar balones, ahora basta con que se conozca a la perfección los sistemas del contrario y se cuelgue a sí mismo una medalla por cada recuperación conseguida.
 

Artículo publicado en: http://bloglaso.com/

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