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Lunes 21 de mayo de 2012

Spencer Haywood: estrella estrellada (II)

Deje su comentario  Ver comentarios 18-11-2008 23:37:16
Juan Carlos Garnica

Finalmente, el equipo olímpico es cerrado e inicia una gira europea por Finlandia, Yugoslavia y la Unión Soviética, con una escuadra en la que el juego interior descansa casi exclusivamente en el de Silver City, que jugará de 'center' ante las ausencias de Alcindor y Elvin Hayes, que ha firmado contrato profesional, con un buen juego exterior en el que destacan el alero Charlie Scott y, sobre todo, el 'playmaker' Jo Jo White.

Haywood, un chico del Profundo Sur, queda impresionado por la vida en los países comunistas, no olvidemos que nos encontramos en plena guerra fría, incluso recuerda una encerrona en una cancha rusa, donde tras ir ganado de paliza a los locales, se interrumpió el partido, se desalojó la cancha, y se reanudó a puerta cerrada, con una remontada soviética a base de decisiones arbitrales injustas que nadie podía presenciar.

Antes de viajar a México, los olímpicos miden sus fuerzas ante los  Knicks de Willis Reed, Walt Frazier, Bill Bradley y Dave DeBusschere, a quienes baten y los Cincinnati Royals de Oscar Robertson, Jerry Lucas y Wayne Embry.

Ya en tierra azteca, Haywood explota, subyugando a la prensa internacional con la madurez de su juego, muy por encima de su edad, con esa extraña mezcla de calidad atlética y virtuosismo técnico, superando a todos sus rivales con esa aparente sencillez que sólo suele abrazar a los superdotados. Su 71,6% en tiros de campo durante el torneo olímpico aún despierta asombro.

Los Juegos se disputan en medio de una crisis racial en los States, es el año de los asesinatos de Robert Kennedy y Martin Luther King, y se producirán  las demostraciones del Black Power, simbolizadas en la mítica foto de Tommie Smith y John Carlos, puños con negros guantes en alto y cabeza agachada, en la ceremonia de entrega de medallas de la final de 200 metros lisos.

Haywood es tentado por los grandes líderes de la comunidad negra, como Harry Edwards, de boicotear al equipo americano, incluso se plantea no jugar la final, pero finalmente, tras una charla con el famoso comentarista Howard Cosell, en la que éste hábilmente desliza que 50 millones de americanos estarán pendientes de él, decide saltar a la cancha para defender el honor de América ante los enemigos comunistas, en este caso la Yugoslavia de Kreso Cosic y Radivoj Korac, que se ha metido sorprendentemente en la gran final con dos tiros libres de Ivo Daneu a falta de cuatro segundos ante la  URSS de Sergei Belov.

Los plavi dan guerra y en el descanso sólo pierden por tres puntos (32-29), con el apasionado público mexicano de su parte. Pero tras el descanso, un parcial de 22-3, con Haywood desenfrenado, protagonizando acciones que hacen rendirse a sus pies a toda la grada,  determina la victoria norteamericana.

Con 21 puntos, 16 rebotes y 6 tapones en aquella final, culmina unos Juegos excepcionales, y se siente en la cima del mundo.

Transcurrido el año en el purgatorio juco, y con la gloria olímpica todavía fresca, Haywood ficha por la Universidad de Detroit, un centro jesuita no especialmente brillante en lo deportivo, pero que se encuentra en el hogar, cerca de los suyos, y en el que brilla en todo su esplendor, sin una disciplina que lo ahogue o compañeros que le resten protagonismo, superando, en un nivel competitivo más exigente, las cifras del año anterior hasta alcanzar los 32 puntos y 21 rebotes por encuentro.

Haywood empieza a dar muestras de su carácter especial, y en un partido, quejoso por el arbitraje, que se inhibe ante el duro marcaje que está recibiendo, pierde los nervios y persigue a un árbitro con ánimo de agredirlo. Recibe una fuerte sanción y, orgulloso como era, en el partido de su reaparición firma 41 puntos y 22 rebotes ante La Salle.

En todo caso, los que lo vieron coinciden en señalar que era, de lejos, el mejor jugador de la competición, como demostró en sus duelos con gente del calibre de Howard Porter, Jim McDaniels o el propio Bob Lanier.

Tras acabar la temporada, descontento por no haberse cumplido la promesa de la Universidad de reclutar a su mentor Robinson como 'head coach', y desmotivado por su superioridad, deja caer entre su círculo de allegados que quiere jugar con los pros, y se desata una intensa batalla por hacerse con sus servicios que desencadena todo tipo de pasiones y pulsiones, y que acabará en el mismísimo Tribunal Supremo.

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