Spencer Haywood: estrella estrellada (III)
Juan Carlos Garnica
La American Basketball Asociation (ABA), una competición alternativa recientemente creada, que pretendía competir con la omnímoda NBA, sobre la base de ofrecer un producto de baloncesto espectáculo y el reclutamiento de grandes nombres, había decidido que una de las estrategias para copar cuotas de mercado era ir a por 'underclasement', jugadores universitarios que no hubieran completado el ciclo de cuatro años y estuvieran dispuestos, a cambio de un buen puñado de dólares, a quebrar la regla no escrita de cumplir la elegibilidad antes de presentarse al 'draft'.
De esa forma, a lo largo de aquellos años, colosos universitarios, incluso del Instituto, hablamos de gente como Julius Erving, Mo Malone, David Thompson o George Gervin, debutarían profesionalmente en la ABA, algo que hubiera resultado imposible en términos de igualdad de escrúpulos.
El provechoso y simbiótico idilio entre NBA y NCAA, un atronador pacto de silencio que interesaba a ambas partes, estaba en peligro, una galerna de codicia amenazaba la calma chicha imperante, y poco tardaron los puristas en elevar la voz, invocando razones que importaban a la misma esencia del americanismo.
El presidente de la asociación de entrenadores NCAA, John Dee, de Notre Dame, envió una carta a todos los programas, ordenando que se negara el acceso a los campus a la gente de la ABA. La reacción no se hizo esperar y el mismísimo comisionado ABA, el gran George Mikan, se reunió con los principales ejecutivos de los clubes.
La solución fue fácil, conforme señala el 'general manager' de los Chaparrals, Max Williams:
“Mikan nos pidió que preguntáramos a nuestros jugadores qué obtenían en sus universidades además de la beca deportiva y los libros. Yo pregunté a los míos en Dallas y salvo dos, todos habían obtenido extras: coches, pagas bajo cuerda y cosas así. De inmediato Mikan llamó a la Asociación de Entrenadores y les dijo que dicha información se haría pública si no revocaban las instrucciones y dejaban a la gente de la ABA acceder a los gimnasios. Automáticamente, la orden de bloqueo fue retirada”.
Entre cruces de amenazas, boicots y conatos de demandas judiciales, finalmente es Haywood el hombre elegido por los cerebros grises de la ABA para testar el sistema, firmando tras su año 'sophomore' por los Denver Rockets, que, previo concierto de los clubes, había sido designado como el equipo que pujara por el astro universitario.
Haywood contrata por tres años y 450.000 dólares, que en la tradición extravagante de la ABA se abonarían de una manera bien curiosa, pues el jugador sólo vería 50.000 $ por temporada, y a partir de los 40 años, hasta cumplir los 60, cobraría el restante a razón de 15.000 $ anuales, según un abracadabrante esquema retributivo conocido como Dolgoff Plan.
La temporada vino marcada por su gran rendimiento en la cancha, máximo anotador de la competición, MVP de liga regular y All Star Game. No fueron fáciles los inicios, pues Denver comienza la temporada de manera penosa, 9-19, y cambia de entrenador, llamando a Joe Belmont, antiguo árbitro que se gana la vida en el departamento de marketing de la franquicia, y cuya única experiencia fue como entrenador de 'freshmen' en Duke, cuando los novatos universitarios debían esperar un año para debutar.
Casi se puede decir que el tipo pasaba por allí, pero tras colocar a Haywood de cuatro, su posición natural, jugando con Byron Beck, un durísimo fajador blanco, en el 'center', los Rockets explotan y se despachan con un parcial de 42-14 hasta final de temporada. Por el camino, Haywood, con 59 puntos ante los Stars, bate el récord de anotación de la ABA que hasta entonces ostentaba el legendario Connie Hawkins con 57.
Comienzan los 'play-off' con un complicado duelo con los Washington Capitals, un equipo veterano, liderado por la estrella Rick Barry, que curiosamente tiene su residencia en Colorado Springs.
La eliminatoria llega al séptimo partido, en el que Belmont ordena un durísimo marcaje sobre el anotador rival, y sucesivamente Haywood y el escolta Lonnie Wright serán expulsados por sendas agresiones. Mientras Barry, sangrando por una ceja, es atendido en el banquillo, un espontáneo local salta al parquet y se lanza contra él, tratando de rematar la faena con una tercera agresión. Así podía llegar a ser el peculiarísimo mundo de la ABA.
Los Rockets avanzan hasta la final de la Western Division, donde caerán ante los sorprendentes Stars de Los Ángeles, que tienen el factor cancha en contra tras una liga regular bastante mediocre, pero que vienen de ganar a los favoritos Chaparrals.
A pesar de ganar el primer partido en la prórroga, los Rockets caen 4-1, la mayoría de las veces en finales ajustados, donde la pareja de 'rookies' Willie Wise y Mack Calvin, junto al 'madridista' Wayne Hightower y Billy 'the Hill' McGill, demuestran mayor entereza para llevarse el gato al agua.
En Denver, desde un inicio, Haywood lleva un alto tren de vida, conduce un Cadillac negro hecho a medida y vive en uno de los más exclusivos vecindarios de la Mile High, con seguridad privada incluida.
Pronto, pues, comienzan las disputas contractuales con la franquicia para procurarse más pasta, convenientemente alimentadas por el representante del jugador, el inefable Al Ross, más conocido como 'el Pirata' por sus tácticas negociadoras un tanto agresivas, que incluían esconder a sus representados -entre los que también se encontraba el temible psicópata deportivo John Brisker- hasta que los clubes cedían a sus exigencias.
De esta manera, hasta tres contratos distintos llegó a firmar con los Rockets, el último ya por 1,9 millones, eso sí, recibiendo solo 50.000 $ cada uno de los dos primeros, 75.000 $ cada uno de los cuatros siguientes, y los 1.5 millones restantes, a razón de 75.000 $ anuales de los 40 a los 60, con lo que no es de extrañar que, terminado este primer año, Haywood se cansara de tocomochos y decidiera cambiar de aires en busca de pastos más verdes.
Su decisión de pasar a la NBA, y dar el paso prohibido al firmar con los Sonics, una franquicia nueva que desoye la prohibición de la NBA de firmar jugadores que no hayan acabado su ciclo universitario, desencadena un litigio histórico.
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