Spencer Haywood: estrella estrellada (V)
Juan Carlos Garnica
THE LIFE & TIMES OF SPENCER HAYWOOD
La carrera de Haywood en los pros es irregular, empezando a grandísimo nivel y yendo poco a poco a menos, de manera imprevistamente precoz. Con Seattle, pronto retribuye los más de 700.000 dólares en gastos judiciales que asume su propietario Sam Schulman, y acepta el papel de líder en anotación, confirmando su estatuto de estrella, dentro y fuera de las canchas. Su juego se caracteriza por el dominio de la técnica desde la exhuberancia atlética, que hacía que pudiera lograr canastas desde casi todas las posiciones de la cancha y manejar con soltura toda guisa de recursos: mates, reversos, fintas, ganchos, 'fadeaways', entradas, tapones, rebotes, tiros con rango de hasta 5 metros, todo ello con una pasmosa facilidad, como si apenas le costara.
Todos los que le vieron en directo coinciden en señalar que presenciar las evoluciones de este hombre en la cancha en su 'prime', era un indescriptible placer, tal era el grado de superioridad física y estética que transmitía a la gradas.
El punto débil de Haywood era siempre la intensidad, se resiente a los marcajes físicos, nunca busca el contacto y eso, en partidos a cara de perro, lo acaba pagando. También acusa cierta propensión a perder los nervios cuando las cosas no le salen bien y le aprietan.
Cuatro elecciones para el All Star NBA jalonan aquellos años maravillosos en Emerald City, a buen seguro los mejores que nunca dio. Curiosamente sería su entrenador Bill Russell, el ídolo de juventud de Haywood, el que tomaría la decisión de mandarlo a los Knicks, poniendo fin a su mejor etapa profesional.
Pero si el espectáculo estaba garantizado en la cancha, es fuera de ella donde exhibe un estilo de vida peculiar. Desde sus primeros contratos profesionales a Haywood se le ve conduciendo vehículos de lujo, que en la ABA de los sueldos magros y tardíos suscita envidias entre sus compañeros. Recordemos que cuando llega a Denver, la estrella local, el alero Larry Jones, cobraba apenas 25.000 $. Su forma de vestir, estilo Motown, con enormes abrigos de piel y espectaculares sombreros, tampoco pasa desapercibida, y siempre aparece acompañado de bellezas y la típica cohorte de vividores.
En Seattle, Haywood es un semidiós, se relaciona con músicos de jazz, que lo visitan en un estudio que abre a las afueras de la ciudad, las puertas de los mejores locales y las mesas más disputadas de los restaurantes siempre están dispuestas para el astro local. Pero ese estilo de vida le lleva a caer en dependencias y costumbres menos loables. En cierta ocasión Haywood declaró que se drogaba en sus días de profesional de la NBA, pero que eso era habitual en el 70 u 80% de sus compañeros. Lo cierto es que su dependencia tóxica le llevaría a protagonizar un esperpéntico episodio que tuvo lugar, ni más ni menos, que en el curso de unas finales de la NBA.
Nos situamos en la primavera de 1980, Magic Johnson es un 'rookie' en los Lakers, equipo al que acaba por dar con sus huesos un Haywood ya veterano, de vuelta de todo, tras pasar sin pena ni gloria por los Knicks. Ya durante la temporada regular, las relaciones de Haywood y el entrenador Paul Westhead habían sido bastante tensas. Westhead veía en el ala-pívot el complemento ideal para Kareem Abdul Jabbar, y estuvo dispuesto a sacrificar en un sonado 'trade' a Adrian Dantley, algo que siempre le reprocharon.
Haywood fue muy bien recibido por unos fans acostumbrados al basket espectáculo, que coreaban su nombre cuando Westhead lo dejaba demasiado tiempo en el banquillo, muchas veces animados por el propio jugador, que se levantaba y agitaba la toalla al ritmo de los cánticos, algo que no gustaba ni al técnico ni a sus compañeros.
Aun así, los angelinos alcanzan la final, a disputar ante los Sixers del Dr. J, y el ala-pívot sureño ha demostrado su calidad durante las rondas previas de los 'play-off', promediando casi 10 puntos como sexto hombre. Pero cuando parece cerca el sueño del anillo, una espiral de sucesos, acaecidos durante las series finales, le costará ser apartado del equipo tras el segundo partido, a petición de sus propios compañeros.
El comportamiento errático de Haywood empieza durante la sesión de video previa al primer partido de la serie final, al terminar la proyección se encienden las luces y el personal descubre que el chico se ha pasado todo el tiempo en brazos de Morfeo. No contento con ello, durante los ejercicios de estiramiento, Haywood vuelve a dormirse, de manera que cuando sus compañeros los acaban y empiezan las carreras cortas, él permanece en el suelo, hecho un ovillo, ante la atónita mirada de los presentes. La gota que colma el vaso ocurre de nuevo en el mismísimo Felt Forum, poco antes de empezar el segundo partido. En el vestuario local, Haywood le pide las tijeras de esparadrapo a su compañero Brad Holland de mala manera, éste le pregunta si no sabe pedir las cosas por favor, a lo que el primero responde a voces que "si se lo tiene que pedir así prefiere no usarlas." La cosa se calienta y ambos se encaran, teniendo que ser el pívot suplente Jim Chones el que los separe, llevándose a Haywood fuera del vestuario antes de que lleguen a las manos.
Los Lakers pierden ese partido y Westhead acuerda suspender al ala-pívot por el resto de la serie, una vez que éste le reconoce su seria adicción a la cocaína y el crack. Los excesos se han cobrado un alto precio: Haywood jamás volverá a vestir la camiseta púrpura.
Parece ser que Haywood desarrolló el hábito de esnifar cocaína durante su estancia en los Knicks, en el mundo de la alta costura en que se movía su mujer, y al llegar a LA empezó con la técnica conocida como 'freebasing', habitual en los ambientes del 'showbizz' hollywoodiense, consistente en purificar la coca por medio del uso de algún líquido -a veces soda- a gran temperatura, de manera que en la solución resultante, emergiera la parte más orgánica de la droga, que era lo que finalmente se fumaba o inhalaba en vapor, consiguiendo un efecto más rápido e intenso, la droga llega en apenas cinco segundos al cerebro y durante 10-15 minutos la sensación de euforia es superior.
Los Lakers, a pesar de la lesión de Abdul Jabbar, finalmente consiguen el triunfo, con la clásica exhibición en el Spectrum de Magic Johnson, que encabeza el sentir de la plantilla y solicita que no se le entregue anillo a Haywood, ni participe en el reparto del premio económico, por su mal ejemplo al borrarse del equipo cuando más era necesario. Tampoco es invitado al desfile de los campeones en el 'downtown' angelino. No será hasta seis años después, probada su sobriedad, que se le hará entrega de su botín.
El rencor del ala pívot se hace evidente, de manera inmediata cuando, como él mismo reconoció años más tarde en su autobiografía, 'Spencer Haywood: The Rise, The Fall, The Recovery', llegó a urdir un plan para asesinar a Westhead mediante el sabotaje de su vehículo, algo que abortó su propia madre al enterarse que ya había incluso hablado con algunos amigos de los bajos fondos para que lo ejecutasen.
Y de manera mediata, cuando un año después los periodistas en Italia le preguntan por la emergente figura de Magic y manifiesta: “Johnson es un ignorante que sólo piensa en el basket y no sabe vivir la vida, gente así me produce repulsión”.
Incluso a día de hoy, Haywood sigue manteniendo que consumió drogas junto, al menos, a otros ocho jugadores de la plantilla de los Lakers, pero solo él fue el cabeza de turco.
→ Continúa...





Escriba su comentario acerca de esta noticia: