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Lunes 21 de mayo de 2012

Spencer Haywood: estrella estrellada (y VII)

Deje su comentario  Ver comentarios 23-11-2008 02:01:18
Juan Carlos Garnica

Haywood empieza la temporada 81-82 como un ciclón, ya sin Praja, sustituido por otro 'pro' de postín, el ex UCLA Sidney Wicks, él es el líder del equipo, se siente motivado, se entrena con ganas y coge la forma inmediatamente, de manera que en los primeros cinco partidos de la temporada viaja a 30 puntos de media, dando una sensación de inmenso poderío.

Hasta América debieron llegar los ecos de sus conquistas, que fueron devueltos en forma de dulces cantos de sirena, y en la mente del jugador, al mismo tiempo que florecía la ilusión, se empezaba a fraguar la más oscura de las traiciones.

Il Moro di Venezia pide consejo a sus agentes, que le aseguran que no habiendo firmado contrato con el Carrera, todos los pactos eran verbales, es libre de romper la relación cuando quiera y marcharse a Washington, donde los Bullets le ofrecen 300.000 $ garantizados, casi el doble de su estipendio veneciano.

El proceso de desvinculación es tan desquiciante como inexorable: el domingo 11 de octubre, mientras la 'squadra' viaja en el autobús rumbo a Treviso, para disputar el derbi ante el Benetton, el americano anuncia a sus compañeros que esa noche es su último partido en Italia. En la cancha da otra exhibición, pero el equipo pierde y en los vestuarios monta un número contra su entrenador y los jugadores italianos. El miércoles 14, tras saltarse dos entrenamientos, desmiente su fuga y se prepara para el partido del próximo fin de semana, en casa frente al Latte Sole Bologna. Llega Imán a Venecia.

Entretanto, el presidente del club veneciano se posiciona con el americano contra Zorzi, en medio de rumores que hablan de una inmediata marcha y la vuelta de Dalipagic, algo que no es posible, pues el alero ya ha debutado con el Partizán. El Carrera pierde 96-90 con Bologna y Haywood es expulsado en el minuto 27, con sólo 14 puntos en su haber, después de agarrar de la camiseta a uno de los árbitros al que levanta en el aire y lanza la bola, sin llegar a impactarle.

Tras recibir un partido de sanción, muchísimo menos de lo esperado, la sociedad multa con 10.000 $ a Haywood, que el martes 20 pide excusas a sus compañeros, alegando que tiene graves dificultades económicas y que no se volverá repetir su comportamiento.

Al día siguiente, Tonino Zorzi es destituido por Carrain y se llega a rumorear que Haywood se hará cargo del equipo como entrenador-jugador. La sociedad vive en un estado de perpetua confusión. El jueves 22, Haywood se presenta a las cinco de la tarde en el Arsenal dispuesto a entrenarse, pero al poco cambia de opinión, se viste y da una rueda de prensa en la que vuelve a confirmar que definitivamente se va. A las 10 de la noche, llama a Carrain para decirle que se queda, pero que tienen que hablar de sus problemas económicos.

El sábado por la mañana se presenta a la sesión facultativa de tiro, tras la que se reúne con el presidente, a quien pide un contrato trienal a razón de 200.000 dólares anuales, y la inmediata firma de un aval bancario por 200.000 $  que cubra lo que le resta de cobrar de la temporada anterior, más su salario de la presente.

El club remite un fax a Seattle, al Despacho de Abogados Neubauer-Mussehl, en el que se aceptan las condiciones, aunque se condiciona la decisión última a la vuelta del patrón Tito Tacchella, presidente de la empresa patrocinadora, Carrera Jeans, que se halla de viaje.

Haywood desaparece y esa noche es casualmente avistado en el aeropuerto Marco Polo de Venecia por dos personas: la primera es Piero Pasini, entrenador del Benetton, que tiene que coger un vuelo a Roma para presenciar en directo el anticipo Bancoroma-Billy, y a quien el americano le dice que ha ido para “comprar los periódicos”; la segunda es el árbitro Zanon, que ha de pitar en ese partido, quien incluso se toma la molestia de indagar si el americano figura en el pasaje de algún vuelo, y le confirman que tiene conexión con Londres para esa misma noche.

Al día siguiente, fuentes del aeropuerto confirman que en la noche del 24 de octubre de 1981 Haywood viajó a Londres y de ahí directamente a los Estados Unidos. El domingo 25, aunque algún cándido dirigente del Reyer aún confiaba en que el ídolo apareciera, Haywood no se presenta al partido contra el Squibb Cantú, con nueva derrota 'lagunare', y durante la semana siguiente se inician gestiones para fichar a Bruce Seals, americano que jugara en Varese el año anterior y que acaba de ser cortado en San Diego.

La carrera de Haywood en Italia está acabada, y curiosamente, como si la Naturaleza quisiera decir su última palabra, borrando todo su recuerdo, esa semana se registra en Venecia la novena marea alta del siglo.

Los aficionados, hartos de las extravagancias de su otrora icono deportivo, manifiestan su descontento, mientras la prensa recuerda una de sus muchas promesas incumplidas, cuando el trece abril de 1981 declaró: “Nessuna tentazione di tornare nell, NBA, perché nell, NBA si gioca per i soldi e per me i soldi no sono piú un problema”.

Haywood engrosa el elenco de americanos que dejan plantados a sus clubes italianos, una lista con nombres ilustres como Bob Elliot del Fernet Tonic Bologna; Kim Hugues, del Innocenti Milano, o James Lister, del Stern Pordenone.

Haywood acaba su carrera en Washington, en 1983, con sólo 33 años, tras una buena primera temporada, con minutos y 13 puntos por partido, siendo candidato a Most Improved Player -se lo llevaría el espectacular Gus Williams- y uao segunda a la baja, en la que apenas aporta nada, en medio de lesiones y graves problemas personales, un accidente de coche de su esposa incluido.

Uno de los mayores talentos baloncestísticos que las canchas han visto se va sin mucho que recordar, lejanos sus 'heydays' mejicanos, su brutal irrupción en la ABA y sus días de vino y rosas en Seattle. Se va envuelto en la polémica, que casi siempre fue fiel compañera, y que aún le guiña un ojo hoy en día, cuando recuerda que no está todavía en el Hall of Fame de Springfield, o que no fue incluido en la lista de 50 mejores jugadores de historia de la NBA.

Desahogado económicamente, gracias a su sagacidad en las inversiones inmobiliarias, ha vuelto al redil de Stern, su vieja Némesis, y representa a la NBA en múltiples actos promocionales del baloncesto. Saca a relucir su indomable vanidad, cuando afirma que sin las drogas hubiera sido el mejor 'power forward' de la historia y que Karl Malone no le podría ni tocar, y recuerda con amargura su primer encuentro con Shaquille O’Neal, cuando al ir a saludarle antes de la disputa de un All Star Game, el gigante le espetó un brutal: “Bullshit, get out of my face.”

En todo caso, limpio hace mucho tiempo de sus adicciones, Haywood es uno de los personajes más subyugantes de la historia del baloncesto, acaso, tras un prodigioso gigante lituano, el más flagrante caso de 'What If' que este deporte haya visto. Imagínenselo.

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