Tobías se despereza
Paco Rengel
Convencido como estaba de que su madre le era infiel a Paco, estuvo sumergido en un inocente sueño cuya duración le parecieron meses, casi un año. Tobías, recién despertado reclamó su biberón sin contemplaciones. Un tipo barbudo, con carantoñas, intentaba consolarle. Le asustó su rostro y prefirió callar: se temía lo peor. Antonio, que así se llamaba porque escuchó pronunciar ese nombre a su madre, indicaba que era mejor darle la comida después. Tobías se asustó aún más: “¡Qué van a hacer conmigo!”. Su rostro era serio, extrañamente circunspecto para un bebé. “¡Este muchacho sabe un taco! Parece que se imagina lo que viene ahora”, indicó el ‘barbas’ ante la carcajada de la madre.
Le colocaron en la mesa del salón, sobre una toalla blanca del baño. Y aquel individuo empezó a moverle el cuello al mismo tiempo que le explicaba a Merche: “Mira, hermana, lo traes hasta aquí, forzando un poquito, y después así. Esto lo haces durante un par de semanas y ya tendrá el cuello perfectamente derecho”. Para desperezarse del largo sueño, no estaba mal. A Tobías le gustó comprobar que su madre no engañaba al padre, que aquel tipo de las barbas era su tío y que estaban arreglándole los desperfectos de su llegada al mundo.
Tobías recordaba un dicho de su anterior vida: “Piensa mal y acertarás”. El refranero era sabio y, sobre todo, conocía muy bien a sus autores. Que crees que uno está robando, no lo dudes; es casi seguro. Que piensas que intentan engañarse unos a otros, y que incluso emplean el eufemismo de astucia para justificarlo, pues más de lo mismo. El caso es que Tobías se recreaba en su condición de bebé: se sabía al dedillo las peripecias de ‘Bety la fea’, ya que su madre veía la serie todos los días, y no podía evitar un gorgojeo de satisfacción cuando atendía a ‘Los Serrano’, que reunía a toda la familia en el salón después de cenar. Pero ante el desenlace del fisioterapeuta, Tobías tomó la decisión de cambiar la postura a la que invitaba el refranero y quiso pensar bien. A lo mejor el mundo, el hombre, había cambiado. En total, habían pasado casi cien años desde su vivencia anterior.



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