Un Navarro extraterrestre
Mikel Cuadra Aguirre
Muchos miramos al cielo cada día, escuchamos los partes meteorológicos y vemos las estrellas en algún momento de nuestras vidas. Nos comemos la cabeza pensando si hay vida después de la puta vida y hacemos viajes a otros planetas mientras en el nuestro ya estamos habitualmente en la luna. Pero para qué pillar nave espacial y marearme dando vueltas, si aquí en la tierra ya conozco un Navarro extraterrestre.
Juanqui, es de esos que de un melón hace un postre de nueva cocina y de una bomba un bombón. Los puristas del tiro se lo habrían cambiado, ya que abre levemente el codo, no coloca los pies con su justa separación y lanza cayéndose sin guardar el equilibrio exigible ¡Cuento chino filipino!
Meter es un don (para algunos milagro) y Juan Carlos lo tiene desde que chupaba teta. Su innata facilidad para generarse un lanzamiento mientras otros necesitan Dios y ayuda para arrojar una chufa, debe pasar a la historia del tirador compulsivo, asesino más asesino de todos los tiempos.
Lo de Pau, es incontestable; pero juega a doscientos quince centímetros del suelo, el de San Feliú lo hace veintidós por debajo de su amigo. Ahí está la madre de todos los corderos. De físico sin más (paqué), de talento y mano, rozando el universo de lo paranormal.
A ti te pido que nunca te hagas mayor, y a quien proceda que lo clone por favor; ya que jamás se ha visto por nuestro planeta un extraterreste baloncestístico más marciano que un tal Don Juan Carlos Navarro Feijoo.






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