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Jueves 20 de junio de 2013

Una confusión de Tobías

Deje su comentario  Ver comentarios 09-04-2007 21:06:34
Paco Rengel

Ya estaba acostumbrado el niño a que su cuidadora aprovechara la soledad en casa para invitar a su novio a que la entretuviera un rato. A Tobías no le resultaban extraños los jadeos, e incluso los gritos, que profería aquella pareja y que, más de una vez, alteraban su sueño. Sabía de lo que se trataba, pero a pesar de ese conocimiento que le había otorgado la naturaleza, lo único que se alteraba en él era el descanso propio de su edad. El estigma le permitía guardar silencio y escuchar el disfrute de esos enamorados: le recordaba viejos tiempos en su otra vida.

Confundido por el dormitar, uno de los días que despertó se sorprendió porque el ¡ay! que le alertó no era de la caribeña, sino de su madre. Fue una exclamación menos prolongada, más directa. “¡Sigue, sigue por ahí!”, persuadía su madre al acompañante desconocido. Sin lugar a dudas se trataba del comunicante misterioso que hablaba tanto por teléfono con ella. Tobías estaba convencido de que su madre tenía un amante.

Ni su conocimiento del mundo previo le ayudó a saber la verdad en el momento: un hermano de Merche era fisioterapeuta y acudió a casa para tratarle la espalda maltrecha por las contracturas de la ama de casa durante aquellas semanas de vacaciones de la sirvienta.

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