Una historia de Ramiro
Antonio Gómez Carra
El Instituto Ramiro de Maeztu es la cuna y cantera del Estudiantes, esta anécdota transcurrió cerca de la Semana Santa de 1957. Yo era alumno de quinto de bachillerato y poseía un extraordinario balón americano de goma (regalado por mis padres en Reyes), procedente de la base de Torrejón y que costó un precio desorbitado. Como era único, medio instituto jugaba con él; siempre me lo pedían en recreos o a la salida de clase. Como es lógico yo participaba en todos los encuentros que podía.
En aquellas fechas, teníamos que hacer ejercicios espirituales (obligatorios). Para ello el padre Granda (q.e.p.d.) nos encerraba en el salón de actos, aterrorizándonos con las penas del infierno. Todo era recogimiento, nadie podía hablar, de una densidad y cansancio supinos. Entre pláticas, nos dan media hora de descanso y yo salgo corriendo a buscar el balón y montamos como posesos un 3x3 en la cancha de secretaría.
En lo mejor de nuestra diversión, aparece el padre Granda, nos interrumpe el partidillo y, de forma violenta, nos quita el balón. “Padre era la media hora de descanso” –le dije yo–, y él me contestó: “Ese tiempo sólo se puede emplear para meditar; así que os quedáis sin balón”.
Anduve rogándole que me lo devolviera durante casi dos meses. Al fin cercanas las vacaciones, regresó a mi poder. ¡Qué tiempos aquellos!





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