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Sábado 25 de mayo de 2013

Entrega de Quijotes de Plata a Alfonso Queipo de Llano y a Paco Rengel

Día: 14 de junio de 2001
Lugar: Instituto Andaluz del Deporte (IAD) - Málaga

Mesa presidencial: Don Francisco de la Torre Prados (alcalde-presidente del Excmo. Ayuntamiento de Málaga), Don Marcelino Méndez-Trelles (director general de Deportes de la Junta de Andalucía), Don Andrés Mérida Guerrero (director del IAD), Don Antonio Merino Mandly (director del Área de Deportes de la Excma. Diputación Provincial de Málaga), Don Pedro Ferrándiz (presidente de la Fundación Pedro Ferrándiz), Don Alfonso Queipo de Llano Jiménez y Don Francisco Rengel Valderrama.

Unas ciento cincuenta personas asisten al acto en el que Don Pedro Ferrándiz entrega el Quijote de Plata, máxima distinción de la Fundación que él preside, a Don Alfonso Queipo de Llano y a Don Francisco Rengel. Después de los discursos y las intervenciones de todos los componentes de la mesa presidencial, el Excmo. Sr. D. Francisco de la Torre Prados cerró el acto con una brillante intervención en la que destacó los méritos de los galardonados, y ensalzó la gran labor que lleva a cabo Don Pedro Ferrándiz en su Fundación. El propio alcalde entregó al Sr. Ferrándiz un obsequio de los homenajeados, que era una caricatura dibujada por los hermanos Ángel y Pachi Idígoras.

 

Discurso de Pedro Ferrándiz
"Si alguien me llega a vaticinar que algún día yo entregaría el Quijote de Plata a un entrenador y a un periodista, este premio no existiría. Bueno, no existiría ni la Fundación. Un entrenador para mí no es más que un individuo que alguna vez pudo quitarme el puesto. Aquí mismo tienen ustedes el ejemplo de un tal Boza Maljkovic, que ha igualado mi récord ganando cuatro Copas de Europa sin consultarme lo más mínimo. Y por lo que a periodistas se refiere, ninguno, por mucho que lo intente, me alabará lo bastante como para contentarme.

La suerte de estos dos ejemplares es que la filosofía que rige las normas del Premio no admite injusticias ni olvidos premeditados. Por el contrario, exige, impone despiadadamente, un análisis desapasionado y profundo de los méritos de los aspirantes. En este caso, lo confieso, el análisis ha sido profundo pero no desapasionado. Es imposible mantener una posición fría o distante cuando conoces la trayectoria de estos dos personajes, Alfonso y Paco, Paco y Alfonso, en el baloncesto español y, sobre todo, en el malagueño. Es difícil tratar de encontrar hombres que se hayan entregado tanto a su deporte con la pasión de estos dos.

El uno, Alfonso, surgiendo de la nada en una ciudad que contaba menos que nada en el mundo del baloncesto, fue sembrando apasionadamente la semilla que un día daría los maravillosos frutos que hoy degusta Málaga. Sus ilusiones, sus experiencias dulces y amargas, sus triunfos y decepciones que determinaron un alejamiento que, sin saberlo, pudo costarle una enfermedad, y un jubiloso regreso a nuestro maravilloso mundo, aceptando que los cabreos y las alegrías de nuevo formarán parte de su vida, le hacen más que merecedor del Quijote de Plata.

Lo de Paco es otra cosa. Lo de Paco es un apostolado en el que se intuye un intermitente vía crucis. Los que conocemos un poco las interioridades de un periódico -alguna vez he dicho que al visitar uno no vi a ningún ser humano- sabemos muy bien lo que significa luchar por un espacio para el baloncesto. Con Paco, quien tiene que luchar por un espacio es el resto del periódico. Paco, con una conducta ética impecable, con un periodismo abierto pero sin concesiones a la galería ha impulsado al conocimiento público nuestro deporte de forma sorprendente y lo ha fijado en cotas tan altas como firmes. Naturalmente, para poder conseguir eso ha tenido que contar con un apoyo inteligente de sus superiores y rodearse de un equipo hecho a su medida y que comulga decididamente con sus ideas.

El baloncesto malagueño, hoy en la cúspide del deporte nacional, disfrutando de un estatus de opulencia deportiva, quizás ignore lo que a Paco le ha costado fabricarla en gran parte y algún día tendrá que reconocérselo públicamente. Hoy, en nombre de nuestra Fundación, tengo el honor de reconocérselo yo."

 

Discurso de Alfonso Queipo de Llano
No es fácil agradecer con unas palabras la gentileza que ha tenido Pedro Ferrándiz al desplazarse a Málaga para ofrecernos a Paco Rengel y a este deportista la máxima distinción de su modélica Fundación. Agradezco a todos vuestra asistencia.

Conocí a Pedro en Madrid hacia 1958, cuando con mi hermano Alfredo (él estudiaba y yo menos) residíamos en la Villa y Corte. Ambos jugábamos en el Colegio Ateneo, equipo en el que veló sus primeras armas desde juvenil Lolo Sainz, más tarde discípulo de Pedro. Entonces Ferrándiz, alicantino de nacimiento, que ya en su tierra dedicó gran actividad al deporte, se lanzó a la aventura de conquistar la capital de España desde la base, y terminó aterrizando como entrenador en el Club Hesperia, equipo de baloncesto que con los Laso, Sevillano, Sañudo, etc. fue el nodriza del mítico Real Madrid que entrenó con tanto éxito y conquistó cuatro Copas de Europa y once campeonatos de Liga. Casi nada.

Aprendí mucho de Pedro Ferrándiz, primer entrenador español que conectó con USA, y más tarde de Antonio Díaz-Miguel. De Pedro me gustaba especialmente su manera de entender el baloncesto, su disciplina, dentro y fuera de la cancha, y ese talante que le hacía ser odiado y amado simultáneamente por sus jugadores. Pero ante todo, a la vez, su enorme frialdad, que le permitía acciones tales como la famosa autocanasta de Alocén.

Para demostrar su personalidad y autoridad, cabe una anécdota que me contó Lluis, cuando jugaba a sus órdenes en el Real Madrid. Ferrándiz dentro del Reglamento de Régimen Interno, tenía prohibido a sus jugadores tomar café. En aquel equipo jugaba un espigado mozo de color llamado Hygthower y el Real Madrid fichó entonces al que sería el más grande jugador español de todos los tiempos hasta hoy, Emiliano Rodríguez. Los compañeros, nada más llegar de novato, lo invitaron a café y Emiliano picó. Se entera Ferrándiz y le casca una multa astronómica. Finaliza la temporada, conquista el Madrid la Liga y la Copa de Europa, y en la comida de celebración Pedro le dice a Hygthower: "Puedes tomar café si lo deseas". El americano respondió: "No, gracias coach, que cuesta muy caro.

Gracias, Pedro, por permitirme acompañar a Paco Rengel en este acto; él con su tesón, capacidad y honradez profesional ha conseguido ocupar un puesto de vanguardia en el periodismo deportivo español. Paco escribe de lo que sabe y sabe de lo que escribe. ¿Es suficiente? Me siento orgulloso de ser su amigo y recuerdo los tiempos de jugador en el Colegio San Estanislao con añoranza.

Quiero recordar en este entrañable acto a Antonio García Melero, Juan Rodríguez Soto, Pepe Paterna, Paco Moreno y Quique Pérez Escobar, que tristemente ya no están con nosotros, pero los tenemos presentes; todos ellos ejemplares promotores de nuestro baloncesto.

Felicito muy especialmente a Unicaja, que no deja de darnos satisfacciones, y a su presidente, Ángel Fernández Noriega, por la brillante temporada.

El deporte me ha dado la posibilidad de ser millonario en amigos, y tener a mi lado durante años deportistas y colaboradores, hombres y mujeres del máximo nivel humano, entre los que destaca mi esposa, Magdalena, a la que entrené junto a sus amigas del Colegio. Con muchos de ellos me reúno frecuentemente a recordar viejos tiempos.

Pedro, tu Fundación es el mayor ejemplo de la constancia y el arte que atesoras. No se puede pedir más, ya es el Hall of Fame del mundo FIBA, y no tiene límites su progresión. Muchas gracias por tantos y tan buenos recuerdos. Te queremos, campeón.

 

Discurso de Paco Rengel
El domingo 18 de marzo, entre platos de, posiblemente, las mejores gambas del mundo, Pedro Ferrándiz me anunció lo de hoy. Siento rubor por estar dirigiéndome a ustedes. No sé dónde esconderme para que no aprecien mi orgullo y satisfacción... No sé si seré capaz de leer estas líneas. Pero lo voy a intentar.Aborrezco sacar pecho para colocarme medallas; me rebelo en silencio ante el protagonismo forzado que veo a diario... Por eso, no saben lo mal que los estoy pasando. Ni se lo pueden imaginar. Empiezo y punto. Y aparte.

A Pedro Ferrándiz le conocí hace siete años. Le dije: "Para mí es un honor que un mito toque mi teléfono". Lo dije con más corazón que ironía, con más sentido común que sarcasmo...
Posteriormente, nos hemos reído mucho a costa de esa frase. ¡Señores! Un mito me ha entregado el Quijote de Plata de su Fundación! ¡Hagan hueco a mis lados! ¡No quepo de satisfacción en esta sala! ¡Gracias, Pedro! ¡Gracias, mito!

Por si fuera poco, me lo entrega al mismo tiempo que a la persona fundamental en el desarrollo del baloncesto en Málaga. Si Alfonso Queipo de Llano no se hubiera apasionado con el baloncesto, les aseguro que yo no sería periodista, jamás hubiera conocido a Pedro Ferrándiz y el 14 de junio de 2001 sería una fecha más del calendario que me ha tocado vivir. ¡Enhorabuena, Alfonso! ¡Tú sí que has hecho méritos para tener este Quijote! ¡Tú sí que has sido un Quijote del baloncesto! Aunque te derribaran los molinos de la envidia.

Permítanme un par de minutos más. Agradecimientos cronológicos con respecto a mi trayectoria profesional, que estuvo marcada porque siempre me asomé desde la mejor ventana informativa de Málaga, el diario SUR.

¡Gracias a Juanma Rodríguez , Antonio Guadamuro , Pedro Luis Gómez y Joaquín Marín por introducirme en esta apasionante profesión!

Gracias, José Antonio Frías , por tu confianza desde el primer día: "Eres el primer fichaje con el que estoy de acuerdo", me dijo nada más empezar en SUR como auxiliar de redacción (agosto de 1986). Mi agradecimiento a Joaquín Marín , por exagerar mis méritos baloncestísticos desde el primer momento. Y a Pedro Luis Gómez, hermano, por transmitirme tu pasión.

Me vieron crecer y me ayudaron en mi relación con este maravilloso deporte. Son -y digo bien, son- Ignacio Bertrán, Jose Romero, Oto del Nido, José María Martín Urbano, Alfonso Queipo, Pepe Paterna y Paco Moreno. He dicho son: gracias a ellos.

Comparto este premio con quienes me soportan a diario: Morgui, Sergio, Gongui, Agui, Manolo, Pedrito, Pepe, Gabi... Muchas gracias, compañeros... amigos.

Gracias compadres, amigos, hermanos: Félix y Ana, Jose Mari y Maribel, Jose y Maché, Alfonso y Nena.

Millones de gracias a Frasquito y Rosario . Mis padres. Sin ellos yo no estaría aquí y no sería como soy. Gracias, papá; gracias, mamá.

Gracias a Fernando y a Loli -mis hermanos-, a Miguel y a Rosa -mis suegros-, y a mis cuñados-hermanos, muchos y buenos...

No, no se me olvidaba: ¡Rosi, te quiero!

Gracias a todos.

 

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